Cabo de la Vela, donde el mar y el desierto conviven - A càmera lenta
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Cabo de la Vela, donde el mar y el desierto conviven

Un largo trayecto en un incómodo camión con 15 personas por un camino de arena te avisa que te acercas a un lugar remoto, perdido en el tiempo y alejado de «nuestra» realidad. Después de muchos kilómetros de paisaje desértico, con tonos marrones, rojizos, anaranjados, acompañados por los cactus y arbustos secos divisas el mar, tranquilo, azulón, hemos llegado a nuestro destino, el Cabo de la Vela.

El Cabo de la Vela es una pequeña localidad bañada por el mar Caribe, situada al extremo norte de Sur América, en el departamento de la Guajira en Colombia. Los habitantes de esta zona son el pueblo indígena Wayúu o Guajiros. Ellos en vez de Cabo de Vela, llaman a esta tierra Jepirra. Según su leyenda, es el lugar sagrado donde los espíritus de sus muertos llegan para ir a lo desconocido. Los Wayúu tienen muy pocos recursos para sobrevivir, sobre todo los que habitan en la extensa zona árida antes de llegar al pueblo. Antes se dedicaban a la pesca y desde hace unos años a vender artesanía a los turistas, unas bolsas de colores tejidas a mano preciosas (tardan aproximadamente una semana a hacer una).

Cabo de la Vela

El pueblecito, que sólo tiene una calle, también sin asfaltar, es humilde, los carros de comida y las casas de madera se concentran alrededor de la vía principal, paralela al mar. Cabo de la Vela te regala el privilegio de poder dormir delante del mar, con el agua pasando por debajo tus pies. Sí, una hamaca al aire libre, sólo con un techo de paja y la extensa playa a ambos lados. Para comer, la señora de la hostalito te puede preparar un «Sancocho de pescado«, una deliciosa sopa de pescado fresco con yuca, mazorca, plátano verde y verduras. Este pequeño paraíso (para nosotros), quizás no sea el lugar idílico para otros viajeros, dado que las comodidades son muy básicas, la electricidad es limitada, no hay agua potable ni muchas opciones de alojamiento.

Es muy fácil ser feliz aquí, sólo tienes que dejarte llevar, observar como la arena anaranjada se adentra en el mar en calma, hablar con los pescadores que madrugan para ir a buscar la comida, pasear por una playa infinita y ver como los aprendices de «kitesurf» disfrutan como niños, bañarte una y otra vez cuando ya no aguantes más el calor, sudar de lo lindo para ver las vistas espectaculares del mar Caribe desde arriba del acantilado del Pilón de Azúcar o andar hasta el faro. Pasar horas leyendo un libro tumbado en tu hamaca y disfrutar de la luna y el sonido del mar bajo tus pies por la noche.

Consejos de viaje: Nosotros salimos de Santa Marta, hicimos una parada en Palomino (muy recomendable) y, desde aquí, cogimos un camión hasta Riohacha. Aquí cogimos un taxi compartido con una pareja hasta Uribia. Y, finalmente, cogimos un camión hasta Cabo de la Vela. El total del trayecto por persona fueron 15-17EUR. Nos alojamos en el hostal “Donde flor”. Su “Sancocho de pescado” es una maravilla.

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